Hoy quiero confesarte algo; no siempre fui un buen compañero de trabajo. De hecho, al principio, era alguien difícil con quien trabajar.

Cuando cambié las cocinas por las oficinas tuve que adaptarme a trabajar de otra manera a la que no estaba acostumbrado, y eso fue difícil para mi.

Muchos de los consejos que hoy por hoy doy a mis clientes, son con base a los errores que cometí en el pasado y, sobre todo, de lo que aprendí de ellos.

Al principio culpaba a todos los demás menos a mi por lo que ocurría, y no me daba cuenta de las responsabilidades que yo tenía en el problema y en cómo resolverlo.

Y cuando comencé a cambiar, las cosas también lo comenzaron a hacer.

Por eso te digo esto hoy; no vivas culpando a otros.

Cuando te escuches repartiendo culpas muy seguido, detente y piensa qué se te puede estar escapando que no estás viendo sobre ti.

Dedica un momento a pensar qué puedes tú estar haciendo o qué has dejado de hacer que pudo haber causado reacciones negativas en los demás.

Recuerda que la clave de la felicidad es enfocarte en lo que tú si puedes controlar, no en lo que los demás hacen; eso no lo puedes controlar.

Repartir culpas y esperar a que el mundo cambie es una receta segura para la infelicidad y el fracaso.

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¿Sientes que con tantos cambios te estás quedando atrás profesionalmente? Y cómo no sentir incertidumbre, miedo y ansiedad con la semejante transformación por la cual hemos pasado. De hecho acabamos de pasar por un cambio de era.

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