No Vivas Culpando a Otros

Hoy quiero confesarte algo; no siempre fui un buen compañero de trabajo. De hecho, al principio, era alguien difícil con quien trabajar. Cuando cambié las cocinas por las oficinas tuve que adaptarme a trabajar de otra manera a la que no estaba acostumbrado, y eso fue difícil para mi.

Muchos de los consejos que hoy por hoy doy a mis clientes, son con base a los errores que cometí en el pasado y, sobre todo, de lo que aprendí de ellos.

Al principio culpaba a todos los demás menos a mi por lo que ocurría, y no me daba cuenta de las responsabilidades que yo tenía en el problema y en cómo resolverlo. Y cuando comencé a cambiar, las cosas también lo comenzaron a hacer. Por eso te digo esto hoy; no vivas culpando a otros.

Cuando te escuches repartiendo culpas muy seguido, detente y piensa qué se te puede estar escapando que no estás viendo sobre ti. Dedica un momento a pensar qué puedes tú estar haciendo o qué has dejado de hacer que pudo haber causado reacciones negativas en los demás.

Recuerda que la clave de la felicidad es enfocarte en lo que tú si puedes controlar, no en lo que los demás hacen; eso no lo puedes controlar. Repartir culpas y esperar a que el mundo cambie es una receta segura para la infelicidad y el fracaso.

La Culpa

La culpa se define como la asignación de responsabilidad por una falta o un mal. Estos son algunos ejemplos de cómo culpamos a otros o a causas externas:

  • “Ella me hizo explotar de rabia”
  • “Ellos me presionaron para que tomara una decisión”
  • “El tráfico pesado me hizo llegar tarde”

Culpar a los demás conduce a varias emociones inútiles, como el resentimiento, la ira y el odio. Culpamos a los demás por nuestros comportamientos, pensamientos y sentimientos negativos. 

¿Por Qué Culpamos a Otros?

La razón por la que la gente suele culpar a los demás es que se trata de un escape rápido de la culpa. Culpar es una táctica increíblemente fácil de usar cuando nos sentimos a la defensiva.

Si no te responsabilizas por las consecuencias de tus comportamientos, pensamientos y sentimientos, puedes continuar viviendo la vida pensando que no tienes fallas o áreas que necesiten mejorar.

A menudo, los que tenemos el deseo o la necesidad de ser perfectos usamos la culpa. Hacernos responsables de nuestras acciones generalmente nos pone en una posición vulnerable y, como resultado, puede ser difícil de hacer.

¿Qué Puedes Hacer al Respecto?

No refuerces el patrón negativo. Después de que surja una situación en la que culpes a alguien, probablemente querrás levantar el teléfono y contarle a un amigo lo estúpidamente que se  comportó esta persona, quejarte con tus compañeros de trabajo sobre esta persona o desahogarte con cualquiera que quiera escuchar. Pero ¡No lo hagas! Hacerlo solo reforzará esta conducta, lo que te alejará de tu comportamiento deseado.

Lo ideal sería que, luego que pase el impulso emocional natural (en el que culpamos a otros), recapacitemos y tomemos un momento para pensar bien las cosas y discernir cuál es nuestro grado de responsabilidad en dicha situación.

Cuando culpamos a otros y repetidamente les contamos la historia a otros, reforzamos la culpa y las emociones resultantes de ello. La próxima vez que culpes a alguien, trata de no contarle la historia a nadie en absoluto y observa cómo te afecta emocional, mental o físicamente.

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